Tia Vicenta

Reglamento general de veraneantes, 1959

Reglamento general de veraneantes

Reglamento general de veraneantes

Artículo 1. –Entre los meses de diciembre y marzo funcionarán  en todo la República los siguientes lugares de esparcimiento:
a) Las playas.
b) Las sierras.
c) Las quintas con pileta.
d) Las azoteas.

Art.2. –El señor Ministro de Economía e interino de Trabajo mantendrá congelado los precios de los hoteles previstos en los incisos a) y b) del artículo anterior. Si así no lo hiciera, le será puesta una bomba.*

Art.3. –Toda vez que un veraneante estuviera en la playa con una señorita monísima, sea tomando sol, sea en franco tren de cuchicuchi, y viere enderezar en dirección a ellos a un sandwichero, invitará a dicha señorita a pegarse una zambullida. En el caso de no haber podido proceder a tiempo o de que la señorita se avivare, el caballero reducirá el término de su veraneo a razón de un día por cada sandwich consumido.

Art.4. –A fin de evitar trastornos a las lanchas pescadoras, las señoras obesas cuidarán de no entrar en el mar en grupos demasiados numerosos, entendiéndose por tales los que excedan de dos señoras. De todos modos reconócese a éstas el derecho de votar en masa por el partido Cívico Independiente.

Art.5. –Las señoras y señoritas que, hallándose veraneando en Punta del Este, advirtieren que se acercan las elecciones de marzo adoptarán las medidas necesarias para llegar a tiempo a esta capital y poder darse el gusto de poder votar contra los negros. Terminando el acto comicial y conocidos los primeros resultados, las mencionadas señoras y señoritas incendiarán algunos templos suburbanos, atribuyendo la responsabilidad al siniestro monseñor Plaza. Por su parte, el doctor Klein, anunciará que ese mes tampoco se podrán pagar los sueldos de la Administración.

Art.6. –Cualquier veraneante, por infeliz que parezca, podrá denunciar ante las autoridades correspondientes la inclusión de los siguientes rubros en la cuenta del hotel:
a) Moscas y otros folklores.
b) Concursos de belleza.
c) Cucharitas desaparecidas.
d) Señoras con amplios rollos en el salón comedor.
e) Laudos sobre los rubros presentes.
f) Formulada la denuncia, las autoridades se harán las chanchas rengas, lo cual no les costará mucho que digamos.

Art.7. –El transporte hasta los lugares de veraneo, sea de playa, sea de sierra, podrá efectuarse:
a) En cómodos trenes.
b) En ómnibus segurísimos.

En el automóvil particular del veraneante, incluidos su señora esposa, sus cuatro nenes, su abnegada cuñada y el equipaje, que viajará, parte en el techo del rodado, y parte en el interior del mismo.

Art.8. –Los viajeros que no desearen hacer uso del coche comedor del tren o que, trasladándose en algunas de las formas previstas en los incisos b y c de la disposición precedente, tampoco desearen utilizar los servicios de las económicas hosterías del camino, podrán proveerse de sendos pollos fríos, algunos especiales de mortadela, queso y dulce, fruta de estación y cerveza tibia, procurando no molestar demasiado a sus vecinos –casos de los incisos a) y b)– o que los inquietos nenes no se caigan a la zanja durante la celebración del picnic –caso del inciso c)–.

Art.9. –Los caballeros que, por razones que son del dominio público, no puedan veranear, se abstendrán de incendiar aserraderos causando perjuicios que superen los 30 millones de pesos.**

Art.10. –Todo ciudadano tiene derecho a pasar sus vacaciones en Bariloche, pero a lo que no tiene derecho es a pasarse todo el año mostrando fotografías a sus amigos.

Art.11. –Los propietarios o arrendatarios de quintas con pileta podrán, antes de comenzar la canícula, adoptar una abuela que casualmente estará en coma todos los fines de semana. En el supuesto de no ser creídos, se correrán hasta la próxima panadería a los efectos de adquirir factura para 80 personas. Al término de la reunión, las visitas dejarán la casa hecha una porquería y se despedirán hasta el próximo sábado.

Art.12. –Las señoras y señoritas que optaren por veranear en sus respectivas azoteas, observarán especialmente, antes de ponerse a tomar sol el movimiento de los caballeros de los edificios circundantes. Prohíbese, durante la temporada veraniega, la venta, locación o préstamo de prismáticos, catalejos y telescopios. También prohíbese a los caballeros exhibir desde su respectivo balcón o ventana su número de teléfono escrito en caracteres gigantes con el objeto de ver si alguna pica. Sin embargo, establecida la comunicación, el caballero y la señora o señorita interesada concertarán una entrevista en alguna confitería seria, llevando él, a los fines de su pertinente identificación, un jazmín del cabo en el ojal y/o un diario en la mano y ella un espléndido bolso de loneta verde con aplicaciones de paño lenci anaranjado y amarillo, porque de alguna manera hay que pasar el verano. Cuando la señora o señorita no fuere señorita sino señora y hubiere alcanzado a una cierta edad, podrá llevar consigo un nietito.

Art.13. –De forma.

*Sobre el misterioso asunto de la primera bomba, TÍA VICENTA tiene una teoría que, cumpliendo con su deber informativo, no puede dejar de exponer a sus lectores. El planteo es sencillísimo. Veamos. ¿Dónde fue colocado el diabólico artefacto? En el baño de los empleados. ¿Quiénes hacen uso de ese servicio sanitario? Los empleados. ¿Cuál era, pues, el objetivo perseguido? Matar empleados. ¿Quién es el que tiene mayor interés en matar empleados, para que se cumpla así, de una vez por todas, el artículo 13? El señor Alsogaray. Luego, el señor Alsogaray puso la bomba. ¿Estamos?

**Sobre este asunto, TÍA VICENTA, tiene también su teoría, pero como no está muy segura, prefiere reservársela en el santuario de la intimidad, para no dar pábulo a la calumnia.

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“Reglamento general de veraneantes” publicado en la página 15 de la revista Tía Vicenta (Año 1 Número 11) el martes 22 de octubre de 1957.

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