Tia Vicenta

Personajes: Mirna Delma, 1961

Mirna Delma

–¡Doméstica! ¡Doméstica! –llamó Mirna Delma a su mucama–. ¡Puede traerme un vaso con un poco de líquido elemento, que tengo sed en sumo grado? El ágape de anoche me ha dejado seco en extremo el orificio bucal.
–¿Llegaste muy tarde? –Preguntó la madre.
–No, progenitora –respondió la cursi haciendo caídas de ojos–. Por suerte mi príncipe azul me trajo en la unidad I.K.A. que adquirió en el día de la víspera. Estuvimos danzando en la mansión de una cuñadita del hombre de mis sueños, sita en el gran Buenos Aires, que tiene unos microsurcos asaz agradables, la diosa Fortuna quiso que regresara en el rodado, porque a medianoche se desató la furia de los elementos. ¡Si vieras cómo estaba de resbaladiza la cinta de asfalto!
–Pero yo te oí llegar como luctuoso suceso que hoy habrás leído en todos los matutinos, progenitora –respondió Mirna Delma colocándose una pulserita en el tobillo–. Cuando veníamos en el bolito de acero observamos un incendio y los abnegados bomberos tardaron largo tiempo para dominar le foco ígneo. El hombre de mis sueños, por razones que son del caso mencionar en estos instantes, mantuvo una reyerta con un elemento de mal vivir. Fue un evento que si no es por la oportuna intervención de un guardián del orden tal vez alguien hubiera cesado de existir.
–¡Finishila! –gritó malhumorado el padre–. ¡Acabala que me tenes podrido! ¡Repodrido!
–¡Qué ordinario que eres, razón de mi existencia! –protestó Mirna Delma poniéndose un perfume dulzón detrás de la oreja–. ¡Qué boca! Habla más bajo que puede oírte la gente menuda. Será mejor que me tome las de andar, porque me enferma que hables de manera en extremo soez. ¡Domestica! ¿Podría alcanzarme mi atavío color tango, que está a su siniestra? Me voy a la estación aérea de Ezeiza, que viene en un pájaro de acero procedente de la Ciudad Luz mi amiga Ethel Emilse. Parece que Cupido le arrojó una flecha de su carcaj y va a contraer nupcias con un muchacho nacido allende el Ande. Con licencia, progenitores.

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Dibujo y texto de Landrú publicado en la página 21 de la revista Tía Vicenta (Año 5 – Número 189) el viernes 4 de agosto de 1961.

 

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