Tia Vicenta

Las Tremendas Encuestas de “Tía Vicenta”, Landrú, 1957

encuesta Tía Vicenta

¿Cómo suprimiría usted las huelgas?

Opina la delegada obrera señorita Acdeela Living, subdirectora del periódico político “Azul y Bemberg”.

-Existe una sola manera de reprimir las huelgas, pero se requiere un proceso lento para hacerlo, ya que de lo contrario, los enemigos recalcitrantes del gobierno se darían cuenta de la maniobra y acusarían al Poder Ejecutivo de haberse vendido al orogaray yanqui. La única manera de eliminar las huelgas sería suprimiendo del diccionario la palabra “huelga”. Pero, como ya lo dije, no hay que hacerlo de golpe, sino letra por letra. Primero eliminaremos la letra “h”, que como no suena, nadie se dará cuenta, ya que los obreros podrán declarándose en huelga. Luego suprimiremos la “u”, después la “e” y luego la “l”. De la palabra primitiva sólo quedará la “ga”. Supongamos que haya un conflicto gremial, y que los obreros resuelvan declararse en “ga”. ¿Que quiere decir “ga”? Los obreros consultarán y encontrarán que “ga” no figura en el diccionario. Se preguntarán los unos a los otros, pedirán informes a los sindicatos, y al darse cuenta de que “ga” no quiere decir nada, volverán coloradísimos a sus fábricas, continuarán trabajando y las actividades del país seguirán desarrollándose normalmente: el general Arambarigorri podrá tranquilamente continuar paseando a su perro, el vicealmirante Punzó podrá seguir construyendo su portaviones y el señor Patricio Kelito podrá continuar escapándose de donde esté.

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Contesta ek camarada Nikita Belnicoff, agregado comercial en la embajada de “Sputkin” e inventor del plan quinquenal llamado “Nos quedaremos”.

-Para opinar sobre tan espinoso tema, tenemos que ir al fondo del asunto. ¿Por qué se originan las huelgas? La mayoría se hacen porque los obreros desean que se les mejore el salario. “Si aumentamos la producción se podría elevar los salarios”, dijo el contraalmirrojas Isaac Rante. ¿Cómo hacer para aumentar la producción? ¡Pues aumentando el trabajo! Yo he observado, mediante un aparato telescópico de inmenso poder, que el satélite artificial no tiene ningún bache en su superficie. ¿Será posible que al señor intendente municipal se le haya pasado esto por alto? A no perder más tiempo, señor general Lord Mayor, y a enviar a la luna roja en un cohete rúa a un grupo de obreros municipales, para que abran en el satélite todos los baches que crean necesarios. De esta manera, se habrá aumentado el trabajo, se habrá incrementado la producción y se podrá elevar los salarios, y entonces todos nosotros, como un solo hombre, nos concentraremos en Plaza de Octubre, daremos la vida por Majón y pediremos a alaridos que mañana sea Santa Josefina Baker.

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Responde el general de segunda división de ascenso don Jacinto Landaraburu, autor de la singular novela “Majó, el egipcio”.

-Yo creo que los mismo obreros se darán cuenta de la situación, y ellos por sí solos no se declararán más en huelga. ¿Qué pasaría si una huelga general por tiempo indeterminado llegara a declararse en nuestro país? Pues que el general Aramburu no podría  viajar más (huelga de transportes); que Rojas no podría comprarse más lentes oscuros (huelga de ópticos); que Forndizi no podría hablar más de Y.P.F. (huelga de petroleros); que Zavala Ortiz no podría ir más al Petit Petit (huelga de mozos); que que Zabattini no haría más declaraciones (huelga de espiritistas) y que Alfredo Palacios no podría recortarse más los bigotes (huelga de peluqueros). ¿Ustedes creen que le país podría funcionar normalmente sin los viajes del presidente, sin los anteojos negros de don Isaac, sin los discursos petrolíferos del doctor Fronduro, sin los clarito del Petit Café, sin las sesiones de espiritismo de Villa María y sin los impecables bigotes del líder socialaico? ¡No señores! A no engañarse. Porque si Arambarri no fuese vasco, si Rojasno Brazzi no fuese masón, si Fronduro no fuese Arturo, si Saliva Ortaz no se comprara los trajes en Rhoder´s, si Sabattín no fuese esfinge y si Alfredo Palacios no usara poncho, nuestro país perdería todo su encanto y entonces sí que sería hora de abandonar este suelo y hacerse para siempre ciudadano venezolano.

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Las tremendas encuestas de “Tía Vicenta”, por Landrú. Sección de la revista Tía Vicenta publicada en la página 5 (Año 1 Número 12), el martes 29 de octubre de 1957.

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