Tia Vicenta

Personajes: La familia Cateura, 1957

Familia Cateura

Felipito estaba escribiendo unos números en un papel. El señor Cateura se abalanzó sobre su hijo, le pegó un puñetazo en el tímpano y rompió el papel en varios pedazos.

—¡Te agarraré, demonio! —gritó el señor Cateura como un enloquecido—. ¿Conque otra vez jugando a la polla de fútbol?

—No, papá  —explicó el niño esquivándose un puntapié en el paladar—. Estaba escribiendo el toma de Tales.

—¿Tales? —chilló Cateura mordiendo una oreja a Filipito—. ¡Basta de nombrar políticos! Ya estoy harto de gorilas, de Zavala Ortiz y de convencionales. ¿No te das cuenta que los provisionales han hecho la constituyente para aplastarnos a nosotros, los que luchamos por la noble causa del Líder Motonetista? ¿NO te das cuenta, bruto, que todo esto es una burda maniobra yanqui-judaicovasca para arrebatarnos al mayor Vicente?

—Pero, papá —dijo el niño conteniendo el llanto—, Tales no es ningún político. Es un teorema de matemáticas.

—¡El único matemático que yo conozco es Cereijo, demonio! —gruño Cateura mientras saltaba como un salvaje sobre el apéndice de Felipito—. ¿Quién hizo que el dólar se valorizara? ¡Cereijo! ¿Quién hizo que un auto costara $400.000 m/n.? ¡Cereijo! ¿Quién dijo que un dólar, que para los americanos es un dólar, para nosotros sean cuarenta pesos? ¡Cereijo, y siempre Cereijo! Y ahora me vienes con Tales, como si yo no supiera que Tales es un traidor unionista vendido al oro de Alsogaray.

—Te aseguro que ésa no fue mi intención, papá —gimió Felipito, tratando de calmar a su enfurecido padre.

—¿Conque no fue tu intención, mariquita? —rugió el señor Cateura, luego de morder una oreja de su hijo—. Tampoco fue tu intención, pero los gastronómicos no se adhirieron al paro. Tampoco fue tu intención, pero los conscriptos manejaron los troles. ¡Jazabel! ¡J e z a b e l!— llamó Cateura a su mujer—. ¿Sabes lo que dice este imbécil? ¡Que no fue su intención!

—No sé de qué hablas, perocastiga a ese monstruo—gritó la mujer—. Castígalo para que estudie de una vez el latín, pues si no estudia el latín, jamás llegará a ser un carnicero de la categoría que lo eres tú.

Y luego de encerrar a Felicito con varios libros, el señor Cateura salió de la casa y arrojó a la calle varias cajas de clavos retorcidos.

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Dibujo y texto de Landrú publicado en la página 18 de la revista Tía Vicenta (Año 1- Número 13) el martes 5 de noviembre de 1957.

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