Tia Vicenta

Personajes: Jacinto W. El Reblan, 1959

75-Jacinto W-1959-18

–¡Quédese quieto, Jacinto W! –Gritó el ama de compañía del reblandecido–. ¡No patalee! ¡Si no se queda quieto nunca le voy a poder poner los pañales!
–¡Nada de pañales! –protestó el gagá con voz aguda–. ¡Yo quiero ir a bañarme desnudo en la isla Bikini! ¡Yo quiero pellizcar a las bañistas! ¡Yo quiero bañarme con Mónica en el lago! ¡Tricófero de Barry! ¡Quiero ponerme Tricofero de Barry para que me crezca el pelo! ¡Turrurú, tururú, tururú, trácate!
Bueno, bueno, ya está –dijo el ama de compañía–. Ahora a descansar, que esta tarde tiene que ir al ministerio.
–¿Qué ministerio, ni ministerio! –aulló el desvanecido mental–. Dada, teté, dada. ¡Chacota! ¡Yo quiero ir a la jarana con mujeres empulpaditas! ¡Empulpaditas como Isabel Sarli! Joropos venezolanos, porros colombianos, merecumbíes, calypsos, chipichipis, charlestones y el one step. ¡Yo quiero ir a bailar el cake-walk! ¡Yo quiero ir al club del Progreso a bailar el cake-walk!
–¡Pero que antigüedad! –comentó Stella Maris, la sobrina del reblán. ¿Quién baila ahora el cake-walk?
–¡Jacinto W.! –exclamó el ama de compañía-. ¡Se ha olvidado de ponerse el babero y se está manchando toda la ropa!
–Nada de baberos! –grito el senil–. ¡Blue jeans! ¡Yo quiero ponerme blue jeans! ¡Yo quiero comprarme remeras y chalecos a cuadros! ¡Yo voy a comprarme mocasines a la calle Artes!
–¡Que antigüedad! –dijo  Stella Maris, la sobrina–. Querrás decir a la calle Carlos Pellegrini.
–¡Catinga! –chilló el decrépito mientas hacia sonar su ukelele–. Me gusta la música negra y las mulatas sabrosonas. ¡Yo quiero bailar desnudo con la Tongolele! ¡Yo quiero bailar la rumbita candombé! Vamos todos a cumbanchar a Reviens. La conga de Jaruco, ya viene arrollando, aé, aé.
–Vamos, Jacinto W., tranquiñícese y tome su jaleita real, que ya tiene que ir al ministerio.
–¡Eso! –chilló el caduco– ¡Jalea real, nueces y mariscos! Y para digerirlos un poquito de agua de Vichy. Y después, para estar en forma, a hacerme tocar el trigémino por el doctor Asuero.
–¡Que antigüedad! ¡Que antigüedad! –exclamó mal humorada Stella Maris, la sobrina.
El ama de compañía puso a Jacinto W. el uniforme, los galones, la gorra y las botas, y el chofer lo llevó hasta el Ministerio de Guerra.
–¡Buenas tardes, mi general! –lo saludo un subalterno en cuanto Jacinto W. llegó a su despacho–. Lo espera un jefe de la SIDE para leerle unos informes importantísimos.
–Buenas tardes, tururú –respondió haciendo la venia el reblandecido.
Mientras el jefe de la SIDE leía su importante informe, Jacinto W., con la mente en otra parte, se la imaginaba a Mae West jugando en bikini con el hula hula.

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Dibujo y texto de Landrú publicado en la página 18 de la revista Tía Vicenta (Año 3 – Número 75), el martes 13 de enero de 1959.

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