Tia Vicenta

Campeonato de Reblandecidos, Tía Vicenta, 1959

Campeonato de Reblandecidos

Jacinto W. colocó en su Ken Brown el fox-trot “Recordando al héroe olvidado”, de la película “Vampiresas 1933”, y, mientras lo oía, hacía tamborillear sus dedos sobre una mesa, movía la cabeza lentamente hacia uno y otro lado y varios hilitos de baba le corrían de las comisuras de la boca hasta caer graciosamente sobre la alfombra.

—¿Y los baberos? —protestó el ama de compañía del decrépito—. ¡Ya le tengo dicho que cuando oiga música música se ponga los baberos!

—¡Nada de baberos! —gritó el desvanecido mental quitándose la ropa—. ¡Yo quiero oír música desnudo! Todos los negros del Caribe bailan desnudos! ¡Yo quiero ser mulato para bailar desnudo con Josefina Baker, aé, aé! ¡Yo quiero ir a la isla de Trinidad para cumbanchar desnudo al compás al compás de la Sonora Matancear!

—¡Cuida tu alma, Jacindo, cuida tu alma! —dijo Felicitas, la hermana del reblandecido, tomándose la cabeza.

—Yo creo, Jacinto W., que tiene que descansar —le dijo el ama de compañía—. No olvide que esta tarde tiene que atender su consultorio.

—Tengo tiempo  para ir a darme un baño a la isla Bikini —chilló el caduco—-. ¿Dónde están mis pantalones de baño floreados? ¿Dónde están mis remeras rayadas? ¿Dónde están mis mayas mallas de lana olímpicas, esas con agujeros en la espalda?

—¡Qué antigüedad, pero qué antigüedad! —dijo de mala gana Stella Maris, la sobrina del reblán—. ¿Quién usa mallas olímpicas?

—¡Yo quiero ser moderno! —exclamó el senil—. Yo uso blue jeans. Yo bailo chipichipis. Yo juego con el hula-hula. Yo fumo marihuana. Yo me emborracho con licor La Rábida. Yo juego con el diávolo. Yo bailo la gaviota. ¡Yo quiero ir a bailar la mazurka al Palais de Glace!

—¡Qué antigüedad! ¡Pero qué antigüedad! —gruñó malhumorada Stella Maris, la sobrina.

El ama de compañía visitó a Jacinto W. con la ropa más sobria que encontró, le colocó el guardapolvos  y lo llevó arrastrando hasta el consultorio.

—¡Ojalá que vengan a verme muchas pacientes femeninas! —gritó el gagá. Me gustan las señoras negras y empulpaditas. ¿Hay catinga o no hay catinga? ¡Hay catinga! Me gustan las señoras empulpaditas como Isabel Sarli, como Jane Russell, como Joan Blondell y como Janet Gaynor, tururú, tururú. Yo quiero besarle la nuca y la encía a Egle Martin! ¡Yo quiero vejar a Miss South Pacific, trácatre!

¡Cuida tu alma, Jacinto, cuídala!— —dijo persignándose Felicitas, la hermana del reblandecido.

Mientras una paciente de 23 años le explicaba a Jacinto W. los síntomas que sentía, el reblán, con la mandíbula semihumedecida, hacía cálculos sobre las medidas anatómicas de la señorita, mientras tarareaba el fox-trot “Rumbo a Búfalo”.

Campeonato de reblandecidos

  Landrú……………………………………………………..26 puntos

  Escribano Adolfo Gómez Cainzo………………… 25 puntos

  Carlos del Peral………………………………………..24  puntos1-Galería Campeonato

  Escribano Carlos Wáshington Oliva…………… 24 puntos

5º   Dr. Américo H. Cattaruzza………………………… 23 puntos

  Rogelio García Lupo………………………………….22 puntos

  Alejandro Moy………………………………………….20 puntos

  Faruk……………………………………………………….10 puntos

  Alberto Picasso ………………………………………..19 puntos

10º Borocotó………………………………………………….18 puntos

11º Nicolás Mancera………………………………………..17 puntos

11º Juan Manuel Fontanals………………………………17 puntos

13º Pin SáenzValiente……………………………………..16 puntos

14º Carlos Fontanarrosa………………………………….14 puntos

(Fuera de concurso el Dr. Alfredo L. Palacios y Jacinto W.)

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Dibujo y texto de Landrú publicado en la página 23 de la revista Tía Vicenta (Año 3 Número 77) el martes 27 de enero de 1959.

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