Tia Vicenta

Un día en el ministerio, 1957

11.30 ¡Caramba! ¡He llegado 15 minutos tarde!

11.45 Me quito el saco después de contar a mi compañero de escritorio el último chiste político.

12.00 Termino de fumar un cigarrillo frente a la ventana, mirando el intenso tránsito de la calle.

12.15 No encuentro la llave de mi cajón. Debo haberla olvidado en casa. Fabrico una ganzúa con un broche clip y consigo abrirlo.

12.30 Comienzo a trabajar. No tengo un solo lápiz con punta. Llamo al ordenanza y le pido un cafecito. Sube al otro piso, donde hay un sacapuntas automático.

12.40 La sección donde había un sacapuntas automático fue trasladada al otro edificio. Bajo a mi piso y pido prestada una hoja de afeitar.

13.15 Lucy me presta la hojita de afeitar para sacarle punta a mi lápiz.

13.40 Nos ponemos a cambiar ideas sobre el inminente viaje a la Luna de los rusos. Cuando miro el reloj ya ha pasado una hora y diez minutos. ¡Qué muchacha adorable! ¡Pero mi jefe debe estar furioso!

14.10 El ordenanza ha dejado el café en mi escritorio, pero ya está frío. Pero, no obstante, al verlo me vienen ganas de tomar café. Llamo al ordenanza.

14.15 Viene un empleado de otra sección a pedirme el número de un expediente. Le alcanzo el libro de registro y le digo que busque a ver si lo encuentra allí. Es un inútil. Me pasé media hora observándolo y no sabía hacer nada.

15.15 Se fue el empleado. Ahora me fumo este cigarrillo y en seguida manos a la obra.

15.30 Tengo sed. ¿Por qué no instalaron un surtidor de agua en cada piso? Tengo que ir hasta el quinto para tomar agua.

15.40 Estoy volviendo del bebedero. ¿Qué veo? ¿Quién será esa rubia? ¿Una empleada nueva o la telefonista? ¡Si su intelecto está a la altura de su físico, vamos a ser grandes amigos!

16.15 Viene el ordenanza y me sirve el café con leche. Saco mi sandwich y procedo a reponer energía.

16.45 Terminé la merienda. De nuevo se rompió la punta de mi lápiz. Voy a pedirle la hojita de afeitar a Lucy.

16.50 Me vuelvo a cruzar con la rubia y la saludo cordialmente. Se sonríe.

17.00 Lucy me presta su hojita de afeitar.

17.05 ¡Socorro! ¡Me corté el dedo! ¡Corro al servicio médico!

17.30 Parece que no fue nada serio. Lástima que ahora con el dedo vendado no puedo escribir a máquina. Voy a pedirle a mi jefe que le pase mi trabajo a otro empleado hasta mi total restablecimiento. Al final de cuentas, aquí somos todos compañeros y estamos para ayudarnos. ¿Acaso no le atendí yo los expedientes a Borrajo cuando faltó dos meses por aquel resfrío?

18.00 El jefe salió a una reunión, circunstancia que aprovecharé para pasar en limpio el verso que hice ayer. ¡Hum! Queda poco papel. Haré el pedido por diez blocks. Escribiendo en rima se gasta muchísimo. Pediré lápices también. En casa ya no quedan.

18.15 Viene un empleado y me propone participar en una polla. Rifa un reloj. Le digo que bueno. En eso entra el gerente. Aprieto el botón de dividir en la máquina de calcular y esta empieza a trabajar sola y a hacer ruido como de fábrica en plena producción.

18.30 Miro el reloj y veo con asombro que faltan solamente 45 minutos para la hora de salida. ¡Qué barbaridad! Hoy el día se me pasó volando. ¡Cierro mis cosas y voy a lavarme las manos!

19.16 Ficho en el reloj. ¡Horror! Trabajé uno minuto más del establecido en el horario. Con razón estoy tan agotado. Creo que tendré que pedir licencia extraordinaria por razones de salud.

 

Texto de Aristócrates, publicado en Tía Vicenta 16, año I, el martes 26 de noviembre de 1957.

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