Tia Vicenta

ROGELIO, EL HOMBRE QUE RAZONABA DEMASIADO, 1968

Rogelio, el hombre que razonaba demasiado

Rogelio, que tenía un fuerte dolor de muelas, fue al dentista para que lo examinara.

   ¿Podría abrir un poco más la boca? ordenó el doctor.

  Mientras Rogelio abría la boca, como de costumbre, se puso a razonar:

    “Quiere que abra la boca.

   Boca es rival de River Plate.

   River Plate quiere decir Río de la Plata.

   Por la plata baila el mono.

   El gorila es un mono.

   Rojas es gorila.

   A Alfredo Rojas le dicen «El Tanque».

   Luego, al decirme el doctor que abra la boca, ha querido alertarme algo sobre los tanques”.

  ¿Qué pasa con los tanques? preguntó, nervioso, Rogelio. ¿Han salido a la calle? ¿Hay revolución?

  ¿Qué dice? preguntó, sorprendidísimo, el dentista. ¡Por favor, si habla no voy a poder arreglarle la boca!

Rogelio se puso nuevamente a razonar:

  “No quiere que hable.

  El que no habla, guarda silencio.

  El silencio es oro.

  El oro es un patrón.

  Los comunistas odian al patrón”.

  ¿Así que usted es comunista? preguntó, muy serio, Rogelio.

  ¿Yo comunista? contestó, muy asombrado, el dentista. ¡Qué disparate! Por favor, tengo que sacarle esa muela. Si continúa hablando no vamos a terminar nunca. No se mueva.

    Rogelio continuó con sus razonamientos:

   “No quiere que me mueva”.

   «E pur si mouve!», dijo Galileo.

   Galileo era un astrónomo.

   Los astrónomos miran al cielo.

     El cielo es azul.

     Onganía es azul.

     Luego, este señor no es dentista, sino el presidente de la República.

   ¡Señor presidente!  exclamó Rogelio, levantándose del asiento. No se imagina la emoción que siento al conocerlo…

    Al regresar a su casa, su mujer le preguntó:

   —¿Te sacaron la muela, Rogelio?

   No me sacaron nada dijo Rogelio, con los ojos humedecidos, la voz entrecortada y el corazón inflamado de patriotismo. Pero tuve la inmensa dicha de conocer a su excelencia el señor presidente de la Nación.

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