Tia Vicenta

Rogelio, el hombre que razonaba demasiado, 1977

Rogelio paseaba por Palermo con su novia Amelita. De pronto ella le dijo:

–Querido, dame un beso. Give me a kiss!

Rogelio, antes de besarla, se puso a razonar velozmente:

“Amelita me pide un beso en castellano y en inglés.

El beso se da con la boca.

Boca es el rival de River.

River en inglés quiere decir río.

Río de Janeiro es donde festejan salvajemente el carnaval.

En carnaval hay corso.

Corso era Napoleón.

Los locos se creen Napoleón.

¡Dios mío! ¡Entonces Amelita se ha vuelto loca! Y si está loca no podré casarme con ella.”

–Lo lamento, queridita –dijo Rogelio arrastrándola rápidamente a un teléfono pública que no funcionaba.

–Llamaré al manicomio para que te internen.

–¿A un manicomio? –preguntó asustadísima Amelita– ¿Acaso me crees loca?

Rogelio, mientras trataba de conseguir fichas, se puso a razonar nuevamente:

“Loca es el nombre de un tango.

El tango es un baile.

Por la plata baila el mono.

El mono vive en los árboles.

Los árboles tienen tronco.

Yo duermo como un tronco.

El que duerme sueña.

El silencio también es salud.

Silencio Hospital.

Ayer pasé por el Hospital de Niños.

A los niños les gusta el circo.

En el circo hay equilibristas.

Los equilibristas caminan por la cuerda,

La que es cuerda no está loca.

¡Hurra! Amelita no está loca. Es cuerda.”

–¡Qué suerte, queridita! –exclamó Rogelio besando alegremente a su novia– ¡Estás cuerda, estás cuerda! ¡Ahora sí podemos casarnos!

Y Rogelio se dirigió velozmente a su casa a escribir los sobres de las participaciones de su boda.

 

Texto publicado en Tía Vicenta 1, año 1, segunda época, el 4 de noviembre de 1977.

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