Tia Vicenta

Reglamento General de Casamientos, 1959

Reglamento General de Casamientos

Reglamento General de Casamientos

Art. 1º — A objeto de conservar la paz conyugal y la integridad de la familia argentina, prohíbense los casamientos que se proyectaren entre dos personas del mismo sexo y de distintas ideologías. Así, por ejemplo, no podrán casarse:

a) El Dr. Ricardo Balbín con el General Juan Domingo Perón.

b) El Dr. Lucas Ayarragaray con el Profesor Américo Ghioldi.

c) El Sr. Julio Elías Mussimesi con el Sr. Amadeo Raúl Carrizo

d) El procurador Agustín Rodríguez Araya con el Procurador General del Tesoro

e) El Comendatore Risieri Frondizi con el Dr. Atilio Dell’Domingorena

f) El General Juan C. Cuaranta con el Periodista R. J. Walsh.

g) La Sra. Alicia Moreau de Justo con la Sra. Felipa Moñiz de Perestello de Colón.

Art. 2º — Todo esto es una lástima, porque quién sabe si no contribuiría a la integración de tantas y tantas personas necesitadas de felicidad, pero ¡qué se le va a hacer!

Art. 3º — Cuando dos novios de sexos opuestos persistan en su decisión de casarse, el novio de la rama masculina se munirá de su correspondiente certificado de buena conducta prenupcial (lo cual es una odiosa injusticia) y se presentará ante el ordenanza del Registro Civil de la zona, el que, previo ablande, lo pondrá al habla con una señorita empleada que le entregará unos formularios iguales a los que se usan para pedir un empleo, o sea que deberán ser firmados por dos avales. Fijada la fecha del fausto acontecimiento y cumplido el plazo fatal, los novios serán recibidos por el Señor Jefe de la repartición, quien, previos los saludos del caso, subiéndose a un estrado les preguntará: “Señor Miguel Ángel Zabala Ortíz (por ejemplo), ¿queréis por esposa a la Señorita Irma Nelly Ramona Vicinguerra? Señorita Irma Nelly Ramona Vicinguerra, ¿queréis por esposo al Señor Miguel Ángel Zabala Ortiz?”. Después de algunos instantes de vacilación y una vez que los novios hayan respondido “encantado” y “encantada” respectivamente, el Señor Jefe agregará: “Si así lo hiciéreis, Dios y la Patria os lo demande”. Con lo que terminó el acto, firmando los comparecientes etc.

Art. 4º — Las novias están obligadas a emocionarse visiblemente cuando, finalizada la ceremonia, el Señor Jefe les de la mano con el consabido saludo de “la felicito, señora”, salvo que prefieran tomárselo como una alusión atrevida y totalmente fuera de lugar.

Art. 5º — Los recién casados que profesaren alguna creencia religiosa, podrán formalizar sus relaciones ante un ministro del correspondiente culto, aconsejándoseles que lo hagan cuanto antes, porque sino después se les olvidan y la gente empieza a pensar que por qué no lo hicieron y qué raro es eso y que si él no será divorciado y patatín y patatán.

Art. 6º — De todos modos, los padres de la novia ofrecerán a sus amistades una recepción, sea en su residencia, sea en un local ad hoc, sea en la casa de una parienta rica a quien no le importa que le dejen el parquet a la miseria.

Art. 7º — La recepción podrá ser:

a) De tipo A.

b) De tipo B.

Art. 8º — La recepción de tipo A será precedida de una cantidad variable de tarjetas con la inscripción: “recibirán a Ud. después de la ceremonia”. Para la recepción de tipo B se escribirá a mano, en la misma invitación a la Iglesia y a continuación de la advertencia de que los novios se despedirán en el atrio: “los esperamos en casa”.

Art. 9º — Cualquiera que sea el tipo de recepción, los dueños de casa calcularán que asistirán a la misma un 500 por ciento de invitados y que comerán por valor de 1200 por ciento del cálculo inicial.

Art. 10º — Tal como van las cosas, no sería difícil que, para combatir los abusos propios de esta clase de celebraciones, se creara un sistema de vales de distintos colores, que se entregarían contra entrega del regalo y concorde con el valor apropiado del mismo. A dicho fin, podría funcionar en cada casa un Comité de Tasaciones compuesto por la madre de la novia, su hermanita mayor, una tía por parte del padre y una vecina muy entendida en la materia.

Art. 11º — Con el objeto de impedir que los invitados se vayan a las manos por llegar primero al comedor dejando un tendal de viejas estropeadas, los novios se situarán en un salón distante, al que, con su presencia, atraerán por lo menos a una de las columnas invasoras, cuyos integrantes se disputarán el honor de abrazarlos, cortarle el tul a la novia, hacerle bromas al novio y, en general comportarse de la manera más pesada posible.

Art. 12º — Prohíbase a los novios agradecer en tal oportunidad los preciosos regalos con las siguientes frases: “¡Regia tu bandejita en miniatura!”, “Para eso no te hubieses molestado”, “Tu siempre comprando preciosidades por nada”, “Lindísimo tu salto de cama; le voy a hacer cambiar el marabú, que está un poco viejo” o “Regalito austero, ¿eh?”.

Art. 13º —Terminados los primeros veinticinco platos multicolores de bocaditos varios, los invitados inexpertos, haciendo caso omiso de los abundantes platos de sandwiches, irán paulatinamente retirándose del recinto para añorar, frente a un bife a caballo servido en un lujoso bodegón de las inmediaciones, el esplendor de los pasados casamientos.

Art. 14º — Despejado el ambiente, el padre de la novia dará orden en la cocina de que se sirva el pavo, tras lo cual aparecerán los camareros transportando sendas pavitas a razón de un animalito por cada cuarenta y dos personas o fracciones. Por supuesto que las personas damnificadas, entre las que no se cuenta las señoras ancianas (que tienen una cancha impresionante) gozarán en último término del derecho de sobrealimentarse con una linda cassata.

Art. 15º — Los novios que no cuenten con dos o tres sobrinos de 5 a 8 años de edad, los alquilarán o, si es posible los pedirán prestados a efecto de que se coman los bombones, las palmeras, las bombas de crema y otros alimentos pringosos y a su debido tiempo, ni un minuto antes ni un minuto después, procederán a limpiarse las manos y la boca en el vestido de las invitadas a quienes agarren desprevenidas conversando con un interesantísimo señor medio entrado en años.

Art. 16º — Los regalos que reciban los nuevos desposados serán clasificados en tres grupos:

a) Regalos a aprovechar, o sea cheques, juegos de cubiertos, baterías de cocina, bandejas de plata, alhajas de probado valor, cristalería, porcelana de mesa, etc.

b) Regalos a vender, palilleros, aros de servilletas, posacubiertos, loza de mesa, cuadros, jarrones imposibles, carpetitas de ñandutí, etc.

c) Regalos a girar, o sea la mercadería no comprendida en los incisos a y b. Sobre este punto, recomiéndase especialmente conservar la tarjeta unida a cada una de los objetos, a fin de no caer en la gaffe de regalarlos a sus dueños de origen o a sus parientes hasta el segundo grado directo o colateral.

Art. 17º — En orden a la mejor distribución a la riqueza y el cuidado de la economía nacional, proscríbese para siempre la bárbara costumbre de tirar arroz suelto a los recien casados que se retiran a comentar en la intimidad los sucesos del día, debiendo, los que si lo desearen, tirarles el arroz en bolsitas, pero cuidado de no darles en la cabeza para evitarles molestias desagradables. De esta manera, los flamantes esposos tendrán asegurada su subsistencia por espacio de veinte a treinta días.

Art. 18º — Exímese a la recién casada de la obligación de llamar a su madre a la mañana siguiente: “Mami, ¡soy feliz, feliz, feliz!” “¡Rubén Néstor es un amor, un amor, un amor! ¡Chau!”.

Art. 19º — De forma.

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