Tia Vicenta

Los grandes inventos, 1958

Los grandes inventos, por Landrú

La pólvora

La pólvora es, como se sabe, una mezcla de azufre, salitre, carbón y Alsogaray, que tiene la propiedad de inflamarse con el calor y de hablar por televisión.

Se ignora en absoluto quién fue el inventor de esa mezcla inflamable. Los gorilas creen que fueron los peronistas; los frondizistas creen que fue Perette; Telma Carló cree que fue Stroessner, y Perón cree que fue Rojas.

Al principio la pólvora estallaba sin hacer ningún ruido, pues todavía no se había inventado la palabra ¡pum! El moro Alfredo Palacios logró inventar la palabra ¡plin!, invento que tuvo que dejar a un lado pues quedaba muy en ridículo que la pólvora hiciera ¡plin! al estallar.

Poco tiempo después el coronel de dragones Manuel Reimundes pudo inventar la palabra ¡pim!, poniendo sencillamente la “um” después de la “p”, y gracias a este coronel la pólvora ha podido regir desde Campo de Mayo el destino de nuestra querida patria.

 

La brújula

Antiguamente los marinos, para orientarse a través del mar, no tenían más remedio que observar las estrellas, cosa que no podían hacer cuando estaba nublado. Los antiguos marinos, pues, antes de hacerse al mar, encendía la televisión y esperaban pacientemente que Cattaruza dijese el estado del tiempo para mañana. Si luego del ¿hay cariño o no hay cariño? Cattaruza anunciaba nublado, los marinos se quedaban en sus casas, no hacían ninguna revolución y editaban “El Correo de la Tarde”. A principios del siglo XIV, un navegante de dragones italiano, Fluvio Manuel Reimundes, inventó la brújula, que no es que una aguja imanada que mira constantemente al Norte.

Actualmente el equipo económico de Frondizi está tratando de inventar una brújula más precisa, que mire constantemente al Fondo Monetario Internacional.

 

El papel

Para escribir, los antiguos emplearon la piedra, la madera, el marfil, el cuero, el pergamino y las paredes de los baños. Pero como en las paredes de los baños sólo se escriben palabrotas dignas de figurar en el Libro de Sesiones de la Cámara de Diputados, fue necesario inventar el papel.

Un campesino chino de dragones, llamado Ha – Uel – Reimundes, lo inventó haciendo una pasta de corteza de árbol, mezclada con trapos viejos y varias hojas de “El Nacional”.

Gracias al papel, hoy se ha podido editar diez millones de ejemplares del almanaque de Marilyn Monroe, para deleite de media humanidad y del escribano Adolfo Gómez Cainzo.

 

La imprenta

Durante toda la Antigüedad y la Edad Media los libros eran manuscritos, y solo podían adquirirlos aquellas personas que tenían dólares o que vivían en el sur del paralelo 42.

La imprenta, un invento realizado por un estudiante dragón llamado Juan Raimundes, natural de Maguncia, permitió rebajar el precio de los libros y ponerlos al alcance de los señores ministros del Poder Ejecutivo.

El primer libro impreso por el nuevo método fue el plan Conintes, soberbia edición de la que conserva un ejemplar la Argentina en la sede del sindicato Unión Ferroviaria.

Merced a este buen invento, el Banco Central puede imprimir diariamente en nuestro país mil millones de pesos.

 

El petróleo

El petróleo, líquido viscoso de color oscuro, se creía hasta poco que había sido inventado por Arturo Frondizi y por Álvaro Alsogaray. Pero descubrimientos efectuados por sabios de la compañía Atlas, permitieron establecer que un ingeniero de dragones llamado Manuel Reimundes fue el único y verdadero inventor del petróleo.

También se debe a este capacitado ingeniero los inventos de YPF, Juan Sábado, Comodoro Rivadavia, cartas de intención, cambio único y Rogelio Frigerio, aunque hay muchos que afirman que a ese último lo inventó la revista “Qué”.

 

El hula hula

El hula-hula, también llamado aro hawaiano, no tiene su origen ni en las islas Hawai ni en Australia, como mucha gente cree. El hula-hula fue inventado no hace mucho tiempo, por el sabio de dragones profesor Manuel Reimundes, y en la severa prueba de ingreso a la logia El Dragón Verde, el aspirante debe rendir un examen completo de hula-hula.

Inspirado y entusiasmado por el éxito de su hula-hula, el profesor Raimundes está tratando de inventar el teléfono descompuesto, llamado también hola-hola, con lo que se cumplirá así el primer ciclo del programa económico político del gobierno del doctor Alsogaray, perdón, del doctor Frondizi.

 

Nota publicada en Tía Vicenta 71, año II, el 16 de diciembre de 1958.

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