Tia Vicenta

Humor extranjero: Álvaro de Laiglesia, 1960

Álvaro de Laiglesia

EL PADRE BUENO DEL NIÑO MALO

-¡Monstruo! ¡Monstruo! -gritó don Matías cuando su hijo pequeño, tembloroso, se presentó ante él en su despacho de la fábrica-. ¡En la cárcel debería encerrarte! A los seres como tú hay que prohibirles convivir con las personas de buenos sentimientos. ¿Es cierto que has cazado una mariposa que volaba gozando de su libertad?

-Sí -confesó el niño, estallando en sollozos de arrepentimiento.

-¡Rufían! ¡Desalmado! -explotó don Matías-. ¡Me avergüenzo de ti! ¿Confieses también que, no contento con esta crueldad, asesinaste al pobre insecto clavándole un alfiler en la mitad del cuerpo?

-Sí. Quería conservarlo disecado… – trató de disculparse el niño.

-¡Criminal, he ahí el nombre que mereces! ¡No tienes corazón, engendro de la Naturaleza! ¿De qué me sirve ser hombre de bien, si tengo un hijo que deshonra mi apellido? ¡Un hijo peor que un cuervo, que tortura a una feliz mariposa para divertirse! ¿Qué dirá tu buena madre cuando se entere? ¡Ella que te enseño a amar a tu prójimo más pequeño, que son los animales! ¿Toda mi vida de laboriosidad y rectitud no te ha servido de ejemplo? ¿Acaso no te he repetido mil veces la hermosa frase de “Amaos los unos a los otros”? ¡Mira esta fábrica que he levantado con el sudor de mi frente! Para tí será cuando yo me muera. ¿Y qué haces para merecerla? ¡Matar animalitos indefensos!

-Es la primera mariposa que he cazado, papá -aventuró el niño, con voz entrecortada por las lágrimas.

-¡Es suficiente! ¡No sabes tú que las mariposas respiran, sufren y aman como todos los seres vivos? ¿No sabes que esa mariposa tendrá familia, hijos quizá, o hermanas, o primos? ¿No sabes, sádico, que el supremo don de la vida es sagrado?

De pronto se abrió la puerta del despacho y entró un secretario de don Matías con un papel en la mano:

-¡Don Matías! ¡Don Matías! -dijo, dirigiendo al padre del niño-. ¡Acaba de recibirse este telegrama de nuestro representante en China! ¡Excelentes noticias!

Don Matías dejó de prestar atención a su hijo y, tomando el telegrama que le tendía su secretario, leyó en voz alta:

“Matias Krug. -Fábrica de armas.Urgente-. Clientela satisfecha calidad producto. Stop. Prueba cañones “Krug” en bombardeo ciudad Tsen-Fú, éxito clamoroso. Stop. Ciudad arrasada en menos de dos horas. Stop. Ocho mil muertos. Stop. Felicitaciones”.

-¡Qué maravilla! -exclamó don Matías encantado-. ¡Mis cañones han batido el récord! ¡Ocho mil muertos en una sola sesión!

-Más aún, don Matías -aduló el secretario-. Tenga en cuenta que en esa cifra no están incluidos los niños. Y niños, en los bombardeos, simple cae alguno.

-Esto significa que nuestros clientes doblarán sus pedidos de material- dijo don Matías, frotándose las manos muy satisfecho. Y luego, volviéndose a su hijo que seguía llorando en un rincón, le ordenó secamente- : Ya puedes marcharte. En castigo por lo que has hecho, no saldrás de tu cuarto en quince días. Así aprenderás a no hacer daño a las pobres mariposas.

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ÁLVARO DE LAIGLESIA

Alvaro de Laiglesia, director de la célebre revista “La Codorniz”, es uno de los primeros humoristas de España. Entre sus obras, algunas de las cuales son conocidas por el público argentino, pese a que no fueron editadas en nuestro país, se destacan: “Un náufrago en la sopa”, “La gallina de los huevos de plomo”, “El baúl de los cadáveres”, “Se prohibe llorar”, todas ellas recopilaciones de relatos breves que muestran a Alvaro de Laiglesia como cultor de un humorismo ágil, moderno y chispeante.

“Humor Extranjero”: sección dedica al humorista español Álvaro de Laiglesia, publicada en las páginas 24 y 25 de la revista Tía Vicenta (Año 4 Número 164), el sábado 24 de septiembre de 1960.

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