Landrú

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Mi verdadero nombre es Juan Carlos Colombres. Nací el 19 de enero de 1923, en Buenos Aires, pero mi familia proviene de Tucumán, del Norte de la Argentina. Comencé a escribir y dibujar siendo muy chico, en el colegio primario. Garabateaba cuadernos y hacia revistas y diarios a mano.

Cuando cursaba el secundario -tendría 15 o 16 años- escribí el “Génesis Novísimo”, una especie de Biblia que trataba de la formación de la Tierra y el origen de los hombres. Estos apuntes pensaba publicarlos en un libro, mi hermana lo prestó a varias amigas, lo perdí de vista y recién pude recuperarlos 20 años más tarde, con la mitad de las hojas desaparecidas. En mi Génesis Novísimo el primer hombre del mundo se llamaba Borié. Tenía el cuerpo invisible y el alma material. El alma era una barra de chocolate. Boré se comí el alma y se hizo visible, se casó con árbol (palo borracho) y tuvo numerosos hijos, quienes dieron origen a las diferentes razas y características de los habitantes de la Tierra.

Durante esta época leía una revista llamada Bertoldo, italiana (era la época del fascismo), que publicaba unos dibujos muy parecidos a los míos y que tenían un humor surrealista, semejante al que yo sentía y hacía. Este humor lo heredó una revista española, “La Codorníz”, de cuyos dos directores, Miguel Mihura y Alvaro de Laiglesia, tuve el honor de ser amigo. En esta época yo estudiaba arquitectura, llegué hasta segundo año, pero cuando me di cuenta de que todas las casas ya estaban hechas abandoné la carrera. En 1945 en la Argentina apareció la revista “Don Fulgencio”, dirigida por Lino Palacio. Hice varios dibujos, se los llevé y tuve la sorpresa de que a la semana me los publicaran, y al mes me lo pagaron, con gran sorpresa de mi parte, porque yo me consideraba “amateur” y nunca pensé vivir de mis dibujos y escritos. Mis primeros dibujos los firmaba con mi verdadero apellido, Colombres; pero comencé a colaborar en un revista de humor político llamada “Cascabel” y tuve que cambiar la firma porque en esa época gobernaba Perón, y como la revista era antiperonista y yo trabajaba en la Administración Pública, adopté el seudónimo de Landrú. El hijo de Lino Palacio me dijo que yo con barba era muy parecido al asesino Landrú, por eso empecé a firmar así. Landrú era una asesino francés que había matado a 13 mujeres y fue condenado a morir en la guillotina. Muchos años más tarde me enteré, con sorpresa, que justo el día que había sido guillotinado el día que yo nací: el 19 de enero de 1923. Parece un cuento de Borges.

La revista “Cascabel” duró poco, porque Perón la hizo clausurar. Como también había desaparecido “Don Fulgencio”, empecé a colaborar en otras revistas “Aquí está”, “Leoplan”, “Vea y Lea”, etc. En esa época yo trabajaba en Tribunales y como el juez me citó para obligarme a afiliarme al Peronismo, yo, que quería ser independiente, renuncié y empecé a recorrer las redacciones de las revistas de Buenos Aires. Luego de dos meses de correrlas, llegué a colaborar en 13 revistas, semanales, quincenales y mensuales. Más tarde fui seleccionando las publicaciones y quedé en “Rico Tipo”, “Avivato”, “Vea y Lea” y “El Gráfico”.

Caido Perón en 1955 hubo un gran destape político humorístico en la Argentina, entonces resolví editar una revista de humor político que bauticé “Tía Vicenta” (en homenaje a mi tía Cora), que tuvo mucho éxito, tanto, que el diario “El Mundo” (donde colaboraba haciendo el chiste de tapa), resolvió incluirlo como suplemento dominical. […]

De inmediato me llamaron de la editorial Primera Plana, y edité en esa empresa “Tío Landrú”, también con mucho éxito, pero por cuestiones políticas (Onganía seguía gobernando y me había fichado en el Servicio de Inteligencia del Estado como “gorila comunista”), “Tío Landrú” desapareció. Luego colaboré en la revista “Gente” y “Mercado” y posteriormente empecé a publicar mis chiste políticos en el diario “Clarín”.

Además de “Clarín” (donde hacía varios chistes por día, una colaboración semanal en un suplemento de cocina y una mensual en un suplemento de turismo), colaboré en “Gente”, “Playboy”, diario “La Nueva Provincia” de Bahía Blanca, y a partir de julio en el diario “La Capital” de Rosario.

Escribí libretos de TV para Tato Bores, algunos libretos de radio y publiqué los libros “Las Grandes Investigaciones de Landrú”,  “Gente Paqueta” y  “Landrú por Landrú”.

Obtuve los siguientes premios: en tres oportunidades la medalla de oro de la Asociación de Dibujantes de la Argentina, en dos oportunidades el premio de la Bienal de Córdoba, en dos oportunidades el premio ADEPA, el Águila de Oro del Cinzano Club, el premio de Argentores, la medalla del Rotary Club y en 1971 el premio Moors Cabot, que lo otorga la Universidad de Columbia de los Estados Unidos.

En 1959 el Departamento de Estado de  los Estados Unidos me invitó, junto con varios dibujantes latinoamericanos, a recorrer el país del norte donde tuve la suerte de conocer personalmente a Walt Disney y de visitar sus estudios cinematográficos. También visité los principales diarios de los Estados Unidos. Ahí, a los dibujantes que hacen los dibujos de actualidad política, los llaman “dibujantes editorialistas”. Estos “dibijantes editorialistas” trabajan en relación de dependencia, van todos los días al diario, hace tres o cuatro bocetos por día, los presentan al director o jefe de redacción y luego se publica el que eligen. Cuando trabajaba en el diario “El mundo” y en “Clarín” lo hacía de la misma manera que los dibujantes norteamericanos.

Entre mis personajes más conocidos figuran Tía Vicenta, El Señor Porcel, Diógenes el curandero, el Gato Clase A, Jacinto W el reblán, La Familia Cateura, Rogelio el hombre que razonaba demasiado, El Rincón de los play-craquelés, María Belén y Alejandra y algunos otros más. […]

Esta es una apretada síntesis autobiográfica. Me olvidaba un detalle. Soy casado, tengo dos hijos y siete nietos.

 

 

Este texto autobiográfico es parte de una carta escrita por Landrú en mayo de 1993.

 

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